La inclusión financiera en México avanza, pero lo hace a dos velocidades: mientras una parte de la población ya usa cuentas, apps y pagos digitales en su día a día, otra sigue operando casi por completo en efectivo y fuera del sistema formal.
Las formas de pago digitales son una palanca clave para cerrar esa brecha, siempre que se combinen con educación financiera y soluciones pensadas para contextos con baja bancarización.
La inclusión financiera se entiende como el acceso y uso de servicios financieros formales bajo una regulación adecuada, que incluya protección al consumidor y acciones de educación financiera.
En términos simples, cuando hablamos de inclusión financiera nos referimos a que más personas puedan entrar y participar en el sistema financiero de forma segura y útil para su día a día. Eso implica, al menos:
¿Por qué importa? Porque es una herramienta para mejorar la vida diaria de personas y negocios. Acercar cuentas, seguros, crédito y pagos digitales ayuda a reducir vulnerabilidades, evitar endeudamiento costoso y disminuir la dependencia de mecanismos informales.
La ENIF 2024(1) muestra avances claros, pero también brechas importantes. A nivel nacional, alrededor de 7 de cada 10 personas de 18 a 70 años tienen al menos un producto financiero formal (cuenta, crédito, seguro o afore), aunque persiste una diferencia de poco más de 8 puntos porcentuales entre hombres y mujeres. Por región, la tenencia de productos supera el 80% en zonas como noroeste y noreste, mientras que en el sur ronda todavía dos tercios de la población.
En cuentas de ahorro formales, el avance también es visible: en varias regiones la proporción de personas con cuenta pasó de poco más de la mitad en 2021 a niveles cercanos o superiores al 70%, aunque el sur sigue rezagado.
Por otro lado, la Política Nacional de Inclusión Financiera (PNIF) 2025-2030 (2) resalta brechas que enfrentan las mipymes, tanto en financiamiento como en uso de servicios especializados:
Cada vez más mexicanos usan tarjetas, transferencias y aplicaciones móviles para pagar servicios, hacer compras en línea y cubrir gastos cotidianos. Al mismo tiempo, las aplicaciones bancarias y fintech ganan terreno como principal canal para consultar y mover dinero. Estas herramientas acercan servicios financieros a personas que quizá no tienen una sucursal cerca, pero sí un teléfono inteligente y conexión móvil.
Contar con soluciones de pago digitales sencillas de implementar, que faciliten aceptar tarjeta y otros medios en punto de venta físico y en línea, es una palanca directa para que las mipymes den el siguiente paso: vender más, ordenar mejor sus finanzas y construir el historial que necesitan para acceder a mejores productos financieros en el futuro.
Los medios de pago digitales se han convertido en un motor clave para acercar a más personas y negocios al sistema financiero en México. Al ampliar las formas de cobrar y pagar más allá del efectivo, hacen más sencillo acceder a servicios formales para utilizarlos en el día a día.
Su impacto se ve en varios frentes. Por ejemplo, entre jóvenes y estudiantes —un grupo donde la inclusión financiera tradicional suele ser baja— la tenencia de productos financieros digitales supera el 70%, sobre todo para las compras en línea, transferencias y recargas de saldo para celular.(3)
En cobertura y accesibilidad, la mayor adopción de internet y de dispositivos móviles ha multiplicado las opciones para recibir y realizar pagos. Cada vez más personas consultan y mueven su dinero desde la app del banco: entre quienes tienen cuenta de depósito, el uso de la aplicación móvil pasó de poco más de la mitad en 2021 a cerca de dos tercios en 2024. En paralelo, las transferencias electrónicas se consolidan.
Aun así, los retos son claros. El efectivo sigue dominando las compras de cualquier monto, tanto en transacciones menores como mayores a 500 pesos, mientras que las transferencias y los pagos vía aplicaciones móviles todavía muestran baja preferencia.
Aquí es donde aparecen oportunidades claras de innovación:
En este contexto, contar con una plataforma de pagos que facilite la aceptación de tarjetas, transferencias y otros métodos digitales, y que al mismo tiempo genere datos claros sobre ventas y hábitos de pago, ayuda a que más negocios formen parte de este proceso de inclusión financiera y puedan ofrecer a sus clientes formas de pago modernas y seguras.
Fuentes:
(2) CNBV, Política Nacional de Inclusión Financiera (PNIF) 2025-2030
(3) CNBV, Cambiando hábitos para mejorar vidas
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